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Una reacción adversa a un alimento es una respuesta desagradable a un componente de la dieta.

Una intolerancia alimentaria puede asociarse a un componente único de la dieta que puede estar presente en alimentos no relacionados inmunológicamente.

Una alergia alimentaria, confirmada con un alimento específico, puede producir reacciones cruzadas con alimentos relacionados.

No se conoce la prevalencia real de las alergias alimentarias porque no se dispone de ninguna prueba diagnóstica fiable, además las alergias alimentarias con signos digestivos son más difíciles de demostrar que aquellas que presentan signos cutáneos.

El tratamiento de la alergia alimentaria es simple: Si se alimenta al animal con una dieta que no contenga el alérgeno el animal estará sano.

La reacción adversa ante un alimento en particular no es siempre inmediata, a veces se desarrolla con el tiempo, lo que impide en algunas ocasiones, relacionar la ingesta de ese alimento con los signos clínicos desarrollados, especialmente si hay una ingesta continuada de ese alimento que genere una enfermedad crónica.

Los signos clínicos generalmente afectan al sistema digestivo y a la piel. El signo cutáneo por excelencia es el picor, no relacionado con los cambios de estación y sin distribución característica, aunque puede observarse un lamido excesivo de las patitas, picor en la cara u otitis externas. Los signos gastrointestinales son vómitos, gases o diarrea.

La piedra angular del diagnóstico de esta enfermedad se basa en la reacción a los cambios en la dieta. Estos cambios deben mantenerse durante 3 semanas.

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